
Bucarest · Sinaia · Brasov · Bran · Viscri · Sighisoara · Biertan · Sibiu · 14 min de lectura
7 días · 5 ciudades
Duración
7 días
Presupuesto estimado
1.200 a 2.000 euros por persona, 7 días
Mejor época
De mayo a octubre, o diciembre por la nieve
Visa
Sin visado, hasta 90 días en Schengen
Este itinerario de Rumania en 7 días recorre Transilvania en coche, con cuatro bases: Bucarest, Brasov, Sighisoara y Sibiu. Alquilar el coche es la decisión que ordena el viaje, porque las aldeas sajonas y los castillos quedan fuera de la red de tren.
En resumen: Bucarest, Sinaia y Peles, Brasov a pie, Bran y los osos, Viscri y Sighisoara, Biertan y Sibiu. Visado, época y comida al final.

Unos 60 lei el tour estándar, 1h30, entrada por la Strada Izvor y solo con pasaporte. El billete se compra en taquilla el mismo día, o por teléfono con 24 horas de antelación: la visita siempre es guiada y en grupo.
Ceausescu levantó aquí más de 3.000 salas en los años ochenta, demoliendo un barrio entero para abrir la avenida que se ve desde el balcón. El tour cubre una fracción del edificio y aun así son 2 kilómetros de pasillo.

Gratis, 20 minutos, a 1,2 kilómetros del Parlamento. Seis plantas blancas rodean un vacío central dentro de un edificio de 1903 que fue banco y después almacén. El café de la última planta da a la calle Lipscani, en pleno Casco Viejo.

40 minutos, a 900 metros de la librería. La visita suelta es corta y barata, y la sala circular lleva un friso pintado de 75 metros que cuenta la historia de Rumania en una sola vuelta.
La acústica es la razón de que aquí tenga su sede la Filarmónica George Enescu. Si hay concierto esa noche, ve al concierto: suele costar menos que una visita guiada, y la visita cierra cuando hay ensayo.

Gratis, 30 minutos, 2 horas de carretera desde Bucarest por la DN1. Fundado en 1695, dio nombre a la ciudad y está en el aparcamiento del que sale la caminata de 15 minutos hasta el castillo.

50 lei el tour básico y 120 lei el Grand Tour, más 35 lei para fotografiar, 1h45 con la cola. Cierra lunes y martes, y en 2026 también del 2 de noviembre al 1 de diciembre por conservación: comprueba la fecha antes de armar el día.
Es un palacio neorrenacentista de 1883, el primero de Europa con electricidad propia, y el interior de madera tallada es lo que justifica el viaje. El Grand Tour añade la segunda planta y solo compensa si te gustan los interiores.
De Sinaia a Brasov son 45 minutos por la DN1, con el valle del Prahova entero por la ventana.

Plaza abierta, 1 hora, justo después del check-in. La casa del consejo en el centro es de 1420 y hoy guarda el museo de la ciudad; alrededor están las fachadas de colores y las terrazas donde cena Brasov.
De aquí sale todo al día siguiente: la Iglesia Negra queda a 200 metros y la Strada Sforii a 300.

15 lei, 1 hora, abierta de martes a sábado. El nombre viene del incendio de 1689, que ennegreció los muros de la mayor iglesia gótica entre Viena y Estambul.
Dos cosas que buscar dentro: el órgano Buchholz de 1839, con casi 4.000 tubos, y la colección de alfombras anatolias colgada en las galerías, traída por los comerciantes sajones. En verano hay recitales de órgano al final de la tarde.

Gratis, 15 minutos, a 250 metros de la iglesia. Es una de las calles más estrechas de Europa, abierta en el siglo 17 como paso para los bomberos. Da dos fotos y se acaba, pero queda justo camino del bastión.
10 lei, 45 minutos, a 300 metros de la Strada Sforii. Es el bastión medieval mejor conservado de Brasov, de 1450, con galerías de madera en cuatro niveles.
Dentro hay una maqueta de la ciudad amurallada en 1600 que ordena todo lo que has andado por la mañana. La acústica es tan buena que el patio acoge ópera en verano.

30 lei solo subida y 50 lei ida y vuelta, 2 horas con el paseo de arriba, a 500 metros del bastión. La cabina sube en 3 minutos hasta los 950 metros, y arriba está el cartel blanco con el nombre de la ciudad.
Quien prefiera andar sube por el sendero en zigzag en cerca de una hora y baja en cabina. Funciona a diario, con parada técnica el lunes por la mañana.

50 lei, 1h30 con la caminata de 2 kilómetros, 30 minutos en coche desde Brasov. Abre de martes a domingo y solo recibe visitas por la mañana, a hora fija, para no molestar a los animales: las entradas salen 10 días antes en la web y se agotan rápido en verano.
Aquí viven más de cien osos pardos rescatados de jaulas de restaurante y de circo, en 69 hectáreas de bosque de roble. Los menores de 5 años no entran.

100 lei el adulto, 1h30, 25 minutos desde Zarnesti. Abre todos los días, a las 9h de martes a domingo y solo al mediodía el lunes, y quien llega después de las 11h hace cola.
Vlad Tepes probablemente nunca vivió aquí: la relación con Drácula es marketing del siglo 20, y Bram Stoker nunca pisó Rumania. Lo que el castillo tiene de verdad es la reforma de la reina Maria en los años veinte, con mobiliario, pasadizos estrechos y un patio interior que valen la visita. El mercado de souvenirs de la entrada es caro y evitable.

Jardín abierto y gratuito, 45 minutos, 15 minutos desde Bran. La ciudadela está cerrada por restauración desde 2022 y la reapertura, por fases, se prevé para 2028: hoy solo se puede recorrer el jardín y el exterior. Aun así compensa la parada, porque la vista desde el cerro llega al macizo de Bucegi y al valle entero de Brasov.

15 lei, 1h30, 1h40 desde Brasov, con los últimos 8 kilómetros de carretera rota. La iglesia blanca es del siglo 12, entró en la lista de la Unesco en 1999, y el billete da acceso a la torre, al museo y a la exposición.
La aldea tiene una sola calle, casas sajonas pintadas y carros de caballos todavía en uso. El rey Carlos compró y restauró una casa aquí, lo que puso Viscri en el mapa: llega temprano, porque los autobuses de excursión descargan después de las 11h.
De Viscri a Sighisoara son otros 50 minutos.
50 lei con el museo de historia, 1 hora, justo después del check-in. La torre es de 1360, mide 64 metros y guarda el mecanismo de 1648 con las figuras de madera que giran a medianoche.
El balcón de arriba es la mejor vista de la ciudadela, la única de Europa todavía habitada y Patrimonio Mundial desde 1999. La casa donde nació Vlad Tepes está en la plaza de al lado y hoy es un restaurante turístico: mira la placa y sigue.

Gratis, 15 minutos, a 200 metros de la torre. El túnel de madera se construyó en 1642 para que los niños llegasen a la escuela de lo alto del cerro incluso con nieve. Son 175 escalones y la subida lleva 5 minutos.

Unos 15 lei, 45 minutos, en lo alto de la escalera. Es una iglesia gótica de 1345, con frescos redescubiertos bajo la cal y una cripta, la única en una iglesia de Transilvania.
Al lado está el cementerio sajón, con lápidas en alemán que cuentan por sí solas la historia de la comunidad que dejó el país después de 1990. Cierra temprano fuera del verano.

1h15 de visita, 1 hora de carretera de montaña desde Sighisoara. Fue sede episcopal sajona durante 300 años y es la mayor de las iglesias fortificadas de la Unesco, con tres anillos de muralla y torres unidas por escaleras cubiertas.
La pieza famosa es la puerta de la sacristía, de 1515, con un sistema de 19 cerraduras que funciona con una sola llave. La otra es la torre del matrimonio, donde a quienes querían divorciarse los encerraban juntos dos semanas, con un plato y una cama.
De Biertan a Sibiu es otra hora.

Entrada simbólica, de pocos lei, 40 minutos, justo después del check-in. La torre de 1588 está entre la Plaza Mayor y la Plaza Pequeña, y la última planta enseña las dos plazas y los tejados con buhardillas ovaladas, los ojos de Sibiu.
Las escaleras son estrechas y no hay ascensor. La Plaza Mayor de abajo acoge el mercado de Navidad y el festival de teatro de junio.

Gratis, 15 minutos, a 100 metros de la torre. Es de 1859, fue el primer puente de hierro fundido del país y une la Plaza Pequeña con la ciudad baja. La leyenda dice que cruje cuando alguien miente encima de él.

Entrada barata para la iglesia y un suplemento para la torre, 1 hora, a 150 metros de la Plaza Mayor. La iglesia gótica es de 1520 y guarda la tumba de Mihnea cel Rau, hijo de Vlad Tepes, asesinado en su puerta en 1510.
La subida a la torre es por escalera de madera y acaba en el mirador más alto del centro. Busca también el fresco de la Crucifixión, de 1445, detrás del órgano.

Gratis, 30 minutos, a 300 metros de la catedral gótica. Se levantó entre 1902 y 1906 inspirada en Santa Sofia de Estambul, y el interior está cubierto de frescos sobre fondo azul y dorado. Entra con los hombros cubiertos.

50 lei, 2h30, 10 minutos en coche del centro y camino del aeropuerto. Es el mayor museo al aire libre de Europa: 400 casas, molinos, iglesias y talleres traídos de toda Rumania y remontados en 96 hectáreas de bosque.
Alquila una bicicleta en la entrada, porque los senderos suman kilómetros. Deja para aquí las últimas horas del día: el aeropuerto de Sibiu queda a 8 minutos, con vuelo diario a Múnich con Lufthansa y a Viena con Austrian.
No hace falta. Rumania entró por completo en el espacio Schengen el 1 de enero de 2025, y los ciudadanos de España, México, Colombia, Argentina, Chile y el resto de la Unión Europea entran solo con el pasaporte hasta 90 días por cada periodo de 180. Ese plazo se suma al de cualquier otro país Schengen en la misma ventana.
La autorización electrónica ETIAS, de 20 euros, todavía no está en vigor: la Unión Europea habla ahora de 2027 tras varios aplazamientos. Mientras tanto, nada cambia en el aeropuerto.
De mayo a octubre. Mayo y junio pillan el campo verde y las aldeas sajonas sin multitudes. Julio y agosto son calurosos en Bucarest y llenos en Bran y en la Plaza del Consejo, pero es cuando la Transfagarasan está abierta. Septiembre y octubre dan la mejor relación entre clima y precio, con las laderas amarillas alrededor del Tampa.
De noviembre a marzo Transilvania está fría y gris, con nieve segura por encima de los mil metros. Diciembre trae los mercados de Navidad de Sibiu y de Brasov, el mejor motivo para afrontar el invierno. Ojo con Peles, cerrado por conservación del 2 de noviembre al 1 de diciembre de 2026.
La puerta de entrada es Bucarest, aeropuerto Henri Coanda, a 17 kilómetros del centro, con vuelos directos desde casi toda Europa y desde Estambul y Doha. Desde América Latina no hay vuelo directo y el viaje suma 15 a 18 horas con una conexión. Este itinerario sale por Sibiu, con vuelo diario a Múnich y a Viena. Si prefieres cerrar el círculo, de Sibiu a Bucarest son 4h30 por la A1.
Entre ciudades, coche. El tren une Bucarest, Brasov, Sighisoara y Sibiu, pero Viscri, Biertan, Zarnesti y Bran quedan fuera de la red, y son ellos los que dan carácter a la ruta. Un compacto cuesta entre 25 y 45 euros al día, devolverlo en otra ciudad lleva un recargo aparte, y la rovinieta, el peaje electrónico obligatorio en las carreteras nacionales, casi siempre viene incluida en el alquiler: confírmalo por escrito, porque la multa recae en el conductor.
La moneda es el leu rumano, no el euro. La tarjeta funciona en casi todo, incluido el billete del teleférico, pero lleva algo de efectivo para las iglesias de aldea y para el aparcamiento de Viscri.
La cocina rumana es de invierno y de granja, con cerdo, col y nata agria en casi todo. Tres platos resuelven el viaje.
Sarmale son rollitos de col o de hoja de parra rellenos de cerdo y arroz, cocidos durante horas y servidos con mamaliga, la polenta de maíz, y una cucharada de smantana. Es el plato de domingo y de Navidad, y está en cualquier carta.

Mici, o mititei, son rollitos de carne picada sin tripa, con ajo, asados a la brasa y comidos con mostaza y pan. Cuestan pocos lei en la calle y son el tentempié de feria y de festival.

Papanasi cierran la cuenta: buñuelos fritos de queso fresco con nata agria y mermelada de frutos rojos. Una ración da para dos, y casi nadie lo avisa antes.

En Bucarest, Caru cu Bere, en la Strada Stavropoleos, sirve desde 1879 en un salón neogótico con vidrieras, y es el sitio para comer sarmale sin pagar precio de trampa: reserva, porque la cola en la puerta es real. En Brasov y en Sibiu, huye de las terrazas con carta en cinco idiomas de la plaza principal y camina dos calles: el mismo plato puede costar un 40 por ciento menos.
Para Transilvania, sí. Siete días cubren Bucarest, Sinaia, Brasov, Bran, Viscri, Sighisoara, Biertan y Sibiu con tramos de carretera de dos horas como máximo, que es el límite antes de que el viaje se convierta en desplazamiento.
Se quedan fuera Maramures, con sus iglesias de madera y el cementerio alegre de Sapanta, y el Delta del Danubio, que piden 3 días cada uno. La Transfagarasan, la carretera de montaña entre Sibiu y Valaquia, abrió el 12 de junio en 2026 y cierra en octubre, con circulación de 7h a 21h en el tramo alpino: si tu viaje cae en esa ventana, sustituye a la A1 en la vuelta y se convierte en un día entero. Para otro destino europeo con el mismo perfil de coste, mira el itinerario de Albania en 7 días.
Precios verificados el 20 de septiembre de 2026. Consulta el valor actual en Muzeul National Peles · Castelul Bran · Rezervatia Libearty, Zarnesti · Muzeul ASTRA, Sibiu · Biserica Neagra, Brasov.
No. Desde el 1 de enero de 2025 Rumania es miembro pleno del espacio Schengen, y los ciudadanos de España, México, Colombia, Argentina, Chile y el resto de la Unión Europea entran solo con el pasaporte hasta 90 días por cada 180, plazo compartido con los demás países Schengen. La autorización ETIAS, de 20 euros, se espera para 2027 y todavía no se exige.
Entre 1.200 y 2.000 euros por persona, contando el vuelo, hoteles de gama media, coche de alquiler entre dos, comida y entradas. Rumania es hoy uno de los destinos más baratos de la Unión Europea: una cena completa fuera de la plaza principal sale por 15 a 25 euros.
De mayo a octubre, con mayo y junio por el campo verde y sin multitudes, y septiembre y octubre por la mejor relación entre clima y precio. Julio y agosto son temporada alta y la única ventana garantizada de la Transfagarasan. Diciembre compensa por los mercados de Navidad de Sibiu y de Brasov.
Se puede, pero con otra ruta. El tren une Bucarest, Brasov, Sighisoara y Sibiu con comodidad razonable, y Bran tiene autobús cada hora desde Brasov. Viscri, Biertan y el santuario de osos de Zarnesti quedan fuera del transporte público y exigen excursión pagada o taxi contratado.
No. Vlad Tepes, el príncipe que inspiró al personaje de Bram Stoker, probablemente nunca vivió en Bran, y Stoker nunca estuvo en Rumania. La asociación la creó el turismo en el siglo 20. El castillo merece la pena por la reforma de la reina Maria en los años veinte y por su posición en el desfiladero, no por la leyenda.

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