Dublín · Rock of Cashel · Killarney · Cliffs of Moher · Galway · Connemara · Clonmacnoise · 13 min de lectura
7 días · 4 ciudades
Duración
7 días
Presupuesto estimado
800 a 1.300 euros por persona, sin vuelo
Mejor época
De mayo a septiembre, días largos
Visa
Sin visado, hasta 90 días, solo pasaporte
Este itinerario de 7 días por Irlanda es en coche y en un solo sentido: Dublín, Kerry, Clare, Galway y vuelta. La decisión que lo organiza es recoger el coche recién el tercer día, porque en Dublín solo cuesta aparcamiento.
En resumen: dos días en la capital a pie, la carretera hasta Killarney por el Rock of Cashel, el parque nacional, los Cliffs of Moher, Connemara y Clonmacnoise. Entrada, temporada y comida están al final.

Unas 1h30, desde 26 euros la entrada Book of Kells Experience, comprada con antelación porque los horarios se agotan. Del aeropuerto al campus son 40 minutos en autobús, y el Trinity abre el itinerario porque está a cinco minutos de la mayoría de los hoteles del centro.
Antes de pagar, conviene saber qué cambió. La Old Library está en obras de conservación y la mayor parte de los 200.000 libros de la Long Room se retiró de los estantes, uno a uno, hacia un depósito climatizado. La sala sigue abierta e impresionante por la arquitectura, pero los estantes están vacíos, y así seguirán hasta el final del proyecto, previsto para 2030. El Book of Kells, manuscrito iluminado del siglo 9, sigue expuesto con normalidad.
Quien solo quiere el manuscrito y la Long Room, sin la exposición digital del Red Pavilion, paga desde 19 euros. Al salir, cruza la Parliament Square, con el campanario de 1853 en el medio, y usa la puerta oeste para caer directo en Grafton Street.

Parada rápida, 30 minutos, gratis. Es la calle peatonal que une el Trinity con St Stephen Green, y el paseo es corto a propósito: se baja escuchando a dos o tres músicos callejeros que se turnan en las esquinas todo el día.
En el número 78 está el Bewley, café de 1927 con las vidrieras de Harry Clarke en la sala de arriba, bueno para el primer té del viaje mientras el desfase horario todavía pesa.

Unos 45 minutos, entrada gratuita, las verjas cierran al anochecer. Son nueve hectáreas de lago, puentes y parterres victorianos, abiertas al público desde 1880 porque Arthur Guinness, el nieto, pagó la reforma y entregó el parque a la ciudad.
Busca las marcas de bala en el arco de la esquina noroeste. Son de 1916, cuando los rebeldes cavaron trincheras en el césped y acordaban un alto el fuego dos veces al día para que el guarda diera de comer a los patos. Es el mejor lugar para cerrar el día de llegada antes de la cena.

Unas 1h30, en los muelles del Liffey, a 15 minutos a pie del Trinity. Empieza el día aquí porque es el punto más al este del recorrido, que a partir de ahora solo avanza hacia el oeste, sin volver sobre sus pasos.
Son veinte galerías interactivas en los sótanos abovedados del CHQ Building, un almacén de 1820, sobre los cerca de 10 millones de personas que dejaron la isla, desde la Gran Hambruna hasta los misioneros, ingenieros y músicos. Es el contrapunto honesto al folclore verde de las tiendas de recuerdos, y explica en una hora por qué hoy hay muchos más descendientes de irlandeses fuera de Irlanda que irlandeses dentro.

Parada rápida, 30 minutos, gratis. Desde el EPIC sigue el muelle del Liffey hacia el oeste y entra por el Merchant Arch. Las calles empedradas, las galerías de arte y la fachada roja del pub que da nombre al barrio valen el paseo y la foto.
Lo que no vale es la cuenta. Una pinta en los pubs de la manzana central pasa fácil de 10 euros, casi el doble del precio normal de Dublín. Deja la cerveza para los pubs victorianos del final de este artículo. Si es sábado, el mercado de comida de Meeting House Square funciona por la mañana y es mucho más interesante que los bares.

Cerca de una hora, entrada en la puerta o por la web, a diez minutos a pie de Temple Bar subiendo por Patrick Street.
La iglesia está en pie desde 1220, sobre el pozo en el que San Patricio habría bautizado conversos en el siglo 5. Lo que la distingue de cualquier otra catedral es el inquilino: Jonathan Swift, autor de Los viajes de Gulliver, fue deán aquí durante 32 años y está enterrado en la nave, junto a Esther Johnson, bajo el epitafio en latín que él mismo escribió.
El parque de al lado es gratuito y ocupa el terreno del antiguo pozo. Si el presupuesto aprieta, la Chester Beatty Library, dentro del Castillo de Dublín y a cinco minutos, es gratuita y tiene una de las mejores colecciones de manuscritos orientales del mundo.

Unas dos horas, desde 24 euros por internet, a 25 minutos a pie de la catedral o diez en autobús. Compra con fecha y hora: es la atracción más visitada del país y la cola de la puerta es real.
El edificio es la antigua casa de fermentación, vaciada por dentro en un atrio de siete plantas con forma de vaso, con capacidad equivalente a 14,3 millones de pintas. La subida termina en el Gravity Bar, acristalado, con vista de 360 grados sobre Dublín y la pinta que ya viene incluida. El contrato de arrendamiento original que Arthur Guinness firmó en 1759, por 9.000 años, está expuesto bajo el suelo de cristal nada más entrar.
Si quieres aprender a tirar tu propia pinta, la Guinness Academy cuesta 14 euros más y es el añadido que más gente dice haber valido. La Stoutie, que imprime tu selfi en la espuma, cuesta 10 euros y da una sola foto.

Unas 1h30 en total, con una hora de visita guiada, que es la única forma de entrar. Queda a 20 minutos a pie del Guinness, siempre hacia el oeste, y cierra el día en el punto más lejano del centro.
El problema es la reserva, no el precio. Las entradas se liberan 28 días antes, a medianoche hora irlandesa, y desaparecen en minutos. Quien las pierde tiene una segunda oportunidad: la web suelta lotes extra y cancelaciones a las 9.15 del propio día. Compra solo en la web oficial, porque existen páginas de nombre parecido cuyas entradas se rechazan en la puerta.
La prisión funcionó de 1796 a 1924 y por ella pasaron desde niños detenidos por robar comida durante la Gran Hambruna hasta los líderes del Alzamiento de Pascua, fusilados en el Stonebreakers Yard en mayo de 1916. El ala este, con las celdas en galerías bajo una claraboya de hierro y cristal, es de 1864 y es donde el guía suele contar la parte más dura.

Unas 1h30, 8 euros, a 1h50 de Dublín por la M7 y la M8. Recoge el coche de alquiler la mañana de este día y no antes: los dos primeros días sería solo gasto de aparcamiento.
Este es el desvío que sustituye al Castillo de Blarney, elegido por los viajeros la parada más decepcionante del sur de Irlanda, donde se pagan 24 euros y se hacen hasta dos horas de cola para besar una piedra. Cashel entrega mucho más por un tercio del precio: torre redonda del siglo 12, catedral gótica sin techo, cruz alta y la Capilla de Cormac, de 1134, la única de Irlanda que conserva frescos románicos.
Dos avisos que cambian la visita. La capilla solo se ve en visita guiada, y esas entradas se venden únicamente en el sitio y en número limitado, así que pregunta el horario nada más llegar. Y la roca está totalmente expuesta al viento: cierra sin aviso cuando el tiempo se tuerce, lo que ocurre a menudo.

Cerca de una hora, 5 euros, a 20 minutos de Cashel por la M8 y ya camino de Killarney. Es uno de los castillos más completos de Irlanda por un motivo poco heroico: casi nunca fue destruido, porque solía rendirse antes.
Está en una isla rocosa del río Suir, con muralla exterior, tres patios, torre del homenaje y pasadizos de defensa que se recorren enteros. La bala de cañón clavada en el muro interior quedó del asedio de 1599, cuando el conde de Essex tardó tres días en tomar el lugar.
Si tu viaje cae en el primer miércoles del mes, la entrada es gratuita, como en la mayoría de los sitios de la Office of Public Works. La misma regla cubre el Ross Castle y Clonmacnoise, que aparecen más adelante en este itinerario.

Parada rápida, 5 euros, visita guiada de unos 20 minutos, a 2 km del castillo. Se puede ir a pie por el sendero de la orilla del río, en media hora, o en coche en cinco minutos.
Es una cottage orné de hacia 1810, atribuida a John Nash, el arquitecto del Royal Pavilion de Brighton: techo de paja ondulado a propósito, galería de troncos sin desbastar y ninguna ventana igual a otra, todo para simular una casa de campesino surgida por casualidad. De aquí a Killarney quedan otras dos horas de carretera.

Cerca de una hora, 5 euros la visita guiada, a 3 km del centro de Killarney. Empieza aquí porque es el punto más al norte del día: desde la salida, la carretera N71 solo baja hacia el sur, sin repetir tramo.
La torre es del siglo 15 y aguantó hasta 1652, cuando fue el último reducto de Munster en caer ante las tropas de Cromwell, que desmontaron un barco de guerra y lo llevaron por tierra para cercar el castillo por el agua. Del embarcadero de al lado salen los barcos a la isla de Innisfallen, con un monasterio en ruinas, y esperan los jaunting cars, los carruajes tirados por caballos.

Unas dos horas, 9 euros solo la casa o 18 euros la entrada conjunta con las granjas tradicionales. No hace falta reservar, la entrada se compra al llegar, y el aparcamiento es gratuito, igual que el parque y los jardines.
La mansión de 1843 tiene 65 habitaciones y se reformó a toda prisa para recibir a la reina Victoria en 1861, con un gasto que ayudó a arruinar a la familia que la construyó. El jardín de rododendros que la rodea es lo que mucha gente viene a ver, y no cuesta nada.
Las granjas tradicionales de al lado recrean tres propiedades de los años 1930 con gente trabajando en ellas, y abren todos los días en mayo y septiembre y de 10 a 18 de junio a agosto. En abril y octubre abren solo los fines de semana, y de noviembre a febrero cierran.

Parada rápida, 30 minutos, gratis, a 3 km al sur de Muckross por la N71. Del aparcamiento a la caída son cinco minutos por un sendero llano y ancho.
Son unos 20 metros de agua bajando entre musgo y robles, y el caudal depende de la lluvia de la víspera, lo que en Irlanda rara vez es un problema. Quien quiera más sube los escalones de detrás de la cascada, la llamada Cardiac Hill, y llega en 15 minutos a un mirador sobre el Lough Leane.

Unos 45 minutos con la parada en el café, gratis, a 12 km al sur de Torc por la N71. La carretera sube entre montañas y el aparcamiento está en la propia curva del mirador.
El nombre viene de 1861: las damas de compañía de la reina Victoria pararon aquí camino de Kenmare y dijeron que era la mejor vista de todo el viaje. Desde el muro se ven los tres lagos de Killarney alineados y el valle glaciar oscuro detrás.
Seis kilómetros más allá está el Moll Gap, otro mirador de la misma carretera, y es por ahí por donde seguiría el Ring of Kerry completo. Con un día extra se cierra el anillo de 179 km por Sneem y Waterville. Este itinerario vuelve a Killarney y al día siguiente sigue hacia el norte.

Unas dos horas, con 2h45 de carretera desde Killarney usando el ferry de Killimer a Tarbert, que sale cada hora y recorta casi una hora del trayecto. Sal temprano, porque aquí la hora de llegada cambia el precio y la experiencia.
La entrada es por franja horaria comprada por internet y cuesta 8 euros fuera de pico o 12 euros entre las 11 y las 16, que es justo cuando llegan los autocares de excursión de Dublín y de Galway. El aparcamiento está incluido en ambos casos. Llegando a las 10 o después de las 16 pagas menos y caminas el sendero casi solo, y al final de la tarde el sol da de frente en la pared, que mira al oeste.
Son 8 km de acantilado y 214 metros en el punto más alto, con la torre de OBrien, de 1835, levantada como mirador para turistas cuando eso todavía era una novedad. Quédate detrás del muro: el borde es de esquisto suelto y cede sin aviso.

Parada rápida, una hora para comer, a 8 km al norte de los acantilados. Es un pueblo de casas de colores repartido en tres núcleos, con fama de capital de la música tradicional irlandesa.
Las sesiones en vivo son casi todas las noches de mayo a octubre, sobre todo en el Gus OConnor y en el McGann. De día, la parada es por la sopa de mariscos con pan de soda. Del muelle salen los ferris a las islas Aran, que quedan fuera de este itinerario porque exigen un día entero.

Unas 1h30, a 25 minutos al norte de Doolin, ya dentro del Burren. La entrada da acceso al fuerte y al centro de interpretación, y la demostración de perro pastor se hace varias veces al día, con horario fijo en el cartel de la entrada.
El fuerte es un anillo de piedra seca de 42 metros de diámetro, habitado entre los siglos 10 y 17, y excavado sin prisa desde 2007: es el único fuerte circular de Irlanda con investigación arqueológica continua, y casi todo lo que se expone en el centro salió del suelo ahí mismo. La demostración de perro pastor no es número para turistas, es el trabajo de la granja que rodea el sitio.

Parada rápida, 20 minutos, gratis, a 1 km al norte de Caherconnell por la R480, con aparcamiento propio y pasarela de madera hasta el monumento.
Es la tumba de portal más conocida de Irlanda, levantada hacia el 3600 antes de Cristo sobre el pavimento de caliza desnuda del Burren. La excavación de los años 1980 encontró allí los restos de más de veinte adultos y niños, enterrados a lo largo de seis siglos. De aquí a Galway son 1h20 por la carretera de la costa.

Cerca de una hora en coche con las paradas, gratis, a 1h20 al oeste de Galway por la N59. Haz primero el punto más lejano, porque desde aquí el día entero vuelve hacia el este.
El circuito sale de Clifden, la capital de Connemara, y sube por la península en dos carreteras paralelas, la de arriba y la de abajo. Desde el mirador alto se ve la bahía de Clifden entera, las islas de Inishturk y Turbot y el Atlántico abierto sin nada hasta América. La vía es estrecha y de doble sentido: para en los apartaderos señalizados, nunca en la calzada.

Tres horas para el circuito completo, entrada y aparcamiento gratuitos, centro de visitantes en Letterfrack, a 30 minutos al este de Clifden.
El Diamond Hill tiene 442 metros, y el circuito que rodea la cima tiene 7 km, con pasarela de madera y escalones de piedra en la mayor parte del recorrido. Desde arriba aparecen las Twelve Bens, la costa recortada de Ballynakill y, en día limpio, la isla de Inishbofin. Con menos tiempo se hace solo el lazo inferior, de 3 km y una hora, que ya sale a las turberas.
Lleva chaqueta impermeable aunque haya sol en la base: aquí la lluvia llega en veinte minutos y desaparece igual de rápido.

Unas dos horas, 18 euros, a diez minutos de Letterfrack por la N59. Abre todos los días de 10 a 18, con última entrada a las 17.
Mitchell Henry, un médico de Mánchester, construyó el castillo en 1867 como regalo para su mujer, Margaret, que murió de fiebre en Egipto nueve años después. Levantó para ella el mausoleo y la iglesia neogótica en miniatura al otro lado del lago, que es la parte más bonita de la visita y la menos fotografiada.
La entrada cubre la planta baja de la abadía, la iglesia, el mausoleo, los senderos del bosque y el jardín amurallado victoriano, que está a 1,5 km y tiene autobús de cortesía incluido. Las monjas benedictinas están aquí desde 1920, tras huir de Ypres en la Primera Guerra.

Unas 1h30 con el crucero, a 20 minutos al este de Kylemore. Los barcos salen de Nancy Point, cerca de Leenane, el paseo dura unos 90 minutos y hay varias salidas al día en verano: comprueba el horario antes de dejar Kylemore.
Killary corta 16 km tierra adentro y separa los condados de Galway y Mayo, con el Mweelrea, la montaña más alta de Connacht, a un lado. Lonely Planet eligió el fiordo como uno de los 50 destinos del Best in Travel 2027, lista publicada en septiembre de 2026, y es la primera vez que aparece en un ranking así.
Las filas de boyas en el agua son granjas de mejillón, que es lo que se come en Leenane. De vuelta a Galway son 1h20 por la N59, por el valle de Inagh entre las Twelve Bens y los Maumturks, que al final de la tarde es el tramo más bonito de toda la carretera.

Parada rápida, 45 minutos, gratis. El centro de Galway se recorre a pie en veinte minutos, y Quay Street es su espina dorsal: pubs de fachada de colores, banderines cruzados sobre la calle y músicos tocando desde media mañana.
Si da tiempo, entra en el mercado callejero junto a la iglesia de San Nicolás, que funciona sábados y domingos y es donde los productores de Connemara venden queso, ostra y pan.

Parada rápida, 20 minutos, gratis, a 200 metros del final de Quay Street. Son dos arcos de 1584, lo que sobrevive de la muralla que protegía el muelle donde descargaban los barcos de vino y sal llegados de España.
El césped alrededor es punto de encuentro de la ciudad en cualquier día de sol. Al lado está el Galway City Museum, de entrada gratuita, y al otro lado del río Corrib se ve el Claddagh, el antiguo pueblo de pescadores que dio nombre al anillo.

Unas 1h30, 8 euros, a 1h20 al este de Galway y otras 1h20 hasta el aeropuerto de Dublín. Es el desvío que convierte un tramo monótono de autopista en la mejor parada del día.
San Ciarán fundó el monasterio en 544 en una curva del río Shannon, en el cruce entre el río y el camino de tierra que atravesaba las turberas del centro de la isla, y fue esa posición la que hizo de Clonmacnoise la mayor ciudad monástica de Irlanda. Quedan dos torres redondas, siete iglesias, la catedral y cientos de lápidas medievales repartidas por el césped.
Las tres cruces altas que aparecen en toda foto antigua del lugar están hoy dentro del centro de visitantes, protegidas del tiempo, y en el campo hay réplicas. Vale la pena ver las originales de cerca, porque los paneles esculpidos cuentan escenas bíblicas enteras. Calcula llegar al aeropuerto con tres horas de margen.
Para la mayoría de los viajeros de América Latina y de la Unión Europea, no. Argentinos, chilenos, mexicanos, colombianos, brasileños, uruguayos y españoles entran en Irlanda solo con el pasaporte válido, y el plazo autorizado lo decide el agente de inmigración en el aeropuerto, hasta un máximo de 90 días.
Hay dos confusiones habituales y caras. Irlanda no forma parte del Espacio Schengen, así que ningún visado ni autorización europea sirve aquí, y el sello irlandés tampoco cuenta para el límite de días de Schengen. Y Irlanda no exige la ETA del Reino Unido, que es otro país: la ETA solo entra en la cuenta si el recorrido incluye Irlanda del Norte, Belfast o la Calzada del Gigante.
Lleva impresos el comprobante de alojamiento, el billete de vuelta y el seguro de viaje. La inmigración irlandesa los pide con frecuencia.
De mayo a septiembre, y dentro de esa ventana mayo y septiembre son los mejores meses: los días ya son largos, todo está abierto y hay bastante menos gente que en julio y agosto. En junio el sol se pone después de las 22, lo que en la práctica da dos horas extra de recorrido al día.
La lluvia aquí no es estacional, es diaria y breve. Cuenta con cuatro o cinco chaparrones al día en cualquier mes y lleva chaqueta impermeable con capucha en vez de paraguas, porque el viento del Atlántico da la vuelta a cualquier paraguas. La temperatura de verano queda entre 12 y 20 grados y rara vez pasa de ahí.
De noviembre a marzo los días tienen unas ocho horas de luz, varias atracciones del interior cierran o reducen horario, y las carreteras de Connemara y del Ring of Kerry quedan casi vacías, lo que agrada a quien no le importa el frío. La fiesta de San Patricio, el 17 de marzo, llena Dublín y encarece todo.
Dublín tiene vuelos directos desde casi toda Europa. Desde América Latina las conexiones más cortas pasan por Lisboa, Madrid, Londres o París, con un tramo final de una a dos horas. Ojo con la conexión por Londres: aunque no salgas del aeropuerto, cambiar de terminal en Heathrow obliga a pasar por la inmigración británica, y entonces la ETA del Reino Unido se vuelve necesaria. Por Lisboa o Madrid ese problema no existe.
El coche se alquila el Día 3, en la ciudad o en el aeropuerto, y se devuelve el Día 7. En Dublín solo sería gasto de aparcamiento, porque el centro se hace a pie. Tres cosas sorprenden a quien alquila por primera vez: se conduce por la izquierda, con la palanca de cambios en la mano izquierda; las agencias irlandesas exigen seguro de colisión y rara vez aceptan la cobertura de la tarjeta de crédito como prueba, así que cuenta con el coste de su seguro; y las carreteras regionales de Connemara y del Burren tienen ancho de coche y medio, con muros de piedra a ambos lados, lo que obliga a ir despacio y a usar los apartaderos.
Los peajes de la M7 y la M8 son baratos y se pagan en efectivo o con tarjeta en la cabina. La excepción es la circunvalación M50 de Dublín, electrónica y sin cabina: la agencia lo cobra después, con tasa de gestión encima.
La comida irlandesa dejó de ser un chiste hace unos quince años, y el motivo es el mar. La costa oeste que recorre esta ruta tiene algunos de los mejores mariscos de Europa a precio de comida de pub.

El Irish stew es el plato nacional: cordero o ternera cocidos despacio con patata, zanahoria y cebolla. Casi todos los pubs lo sirven y casi todos lo bordan, por 16 a 22 euros. El coddle, de salchicha y bacon cocidos en caldo, es la versión de Dublín y divide opiniones incluso entre irlandeses.
En la costa, pide seafood chowder: sopa cremosa de salmón, eglefino ahumado y mejillón, servida con pan de soda y mantequilla. En Doolin, en Clifden y en Leenane es la comida estándar y cuesta entre 9 y 14 euros.

Galway vive de la ostra. La temporada de la nativa va de septiembre a abril, justo cuando se celebra el festival de la ciudad. Se sirven crudas, con pan negro y mantequilla, y el maridaje con stout allí se toma en serio, no es frase de folleto.

En Dublín, el pub que vale la noche es The Long Hall, en South Great Georges Street: interior victoriano intacto, techo de escayola trabajada, espejos antiguos y una pinta bien tirada, a diez minutos de Temple Bar y unos 4 euros más barata. Lo que hay que evitar es justamente la manzana central de Temple Bar, donde la misma cerveza pasa de 10 euros.

Para escuchar música tradicional de verdad, y no la versión de escenario para turistas, el Gus OConnor de Doolin es la parada que esta ruta ya hace. Las sesiones empiezan hacia las 21.30, de mayo a octubre, y las tocan músicos locales que aparecen sin programación. Llega antes de las 20 para conseguir mesa y cenar allí mismo.
Son suficientes para la mitad que cubre este itinerario, que además es la más buscada: Dublín, el suroeste de Kerry y la costa oeste de Clare y Connemara. Siete días con coche dan tiempo de ver esos tres bloques sin cambiar de hotel más de tres veces, y ese es el límite honesto de la semana.
Lo que queda fuera, y vale la pena añadir con más días: la península de Dingle y el Slea Head Drive, un día entero saliendo de Killarney; las islas Aran, con el fuerte de Dun Aonghasa al borde del acantilado, que exigen ferry desde Doolin o Rossaveal y otro día; el Ring of Kerry completo, de 179 km por Sneem y Waterville; y Glendalough y Powerscourt, en las montañas de Wicklow, a una hora al sur de Dublín.
Si quieres incluir la Calzada del Gigante y Belfast, recuerda que eso es Reino Unido: necesitas la ETA británica y al menos dos días más, y el viaje cunde mucho más como una segunda visita que apretado dentro de este.
Precios verificados el 23 de septiembre de 2026. Consulta el valor actual en Cliffs of Moher Experience, tarifas de entrada · Heritage Ireland, Rock of Cashel · Heritage Ireland, Cahir Castle e Clonmacnoise · Muckross House, tarifas 2026 · Kylemore Abbey, ingressos · Guinness Storehouse, ingressos · Book of Kells Experience, Trinity College Dublin.
Para la mayoría de los pasaportes de América Latina y de la Unión Europea, no. Argentinos, chilenos, mexicanos, colombianos, brasileños, uruguayos y españoles entran solo con el pasaporte válido y pueden quedarse hasta 90 días, con el plazo exacto que fije el agente de inmigración en el aeropuerto. Irlanda no está en el Espacio Schengen y no exige la ETA del Reino Unido, que es otro país: la ETA británica solo cuenta si la ruta incluye Irlanda del Norte. Lleva impresos el alojamiento, el billete de vuelta y el seguro.
Entre 800 y 1.300 euros por persona sin el vuelo internacional, contando hotel de categoría media en habitación doble, comida, el coche de alquiler cinco días con combustible y peajes y las entradas de la ruta. Las entradas suman de 90 a 130 euros, y las más caras son el Book of Kells, desde 26 euros, el Guinness Storehouse, desde 24, y Kylemore Abbey, 18. El vuelo desde América Latina con una conexión ronda los 700 a 1.200 euros ida y vuelta.
Vale si el manuscrito es lo que vas a ver, porque sigue expuesto con normalidad. La Old Library está en obras de conservación y la mayor parte de los 200.000 libros de la Long Room se retiró de los estantes hasta el final del proyecto, previsto para 2030: la sala sigue abierta e impresionante por la arquitectura, pero los estantes están vacíos, al contrario de casi toda foto que circula. Quien quiera gastar menos compra la entrada solo del Book of Kells con la Old Library, sin la exposición digital, desde 19 euros.
En esta ruta hace falta a partir del tercer día. Dublín se recorre a pie y en autobús, y el coche allí solo cuesta aparcamiento, pero Cashel, Killarney, el Burren y Connemara no tienen tren entre sí y los autobuses rurales pasan pocas veces al día. Alquila el Día 3 y devuelve el Día 7. Se conduce por la izquierda, y las carreteras regionales de Connemara son estrechas, con muro de piedra a ambos lados.
Antes de las 11 o después de las 16. La entrada es por franja horaria comprada por internet y cuesta 8 euros fuera de ese intervalo frente a 12 euros entre las 11 y las 16, que es justo cuando llegan los autocares de excursión de Dublín y de Galway. Al final de la tarde hay además la ventaja de la luz, porque la pared de los acantilados mira al oeste. El aparcamiento está incluido en la entrada en ambos casos.

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